Cuando te decidiste a hacer teatro?
Todo empezó como un juego. Empezaba el año 2004, con dos compañeras más
del trabajo – yo trabajaba en la administración pública – nos animamos a
experimentar como era una clase de teatro.
Desde el primer momento supe que esto era lo que quería hacer. Ellas
abandonaron al poco tiempo, pero yo seguí.
Ya eras grande, como lo encaraste?
Bueno si, tampoco taaan grande, pero una parte importante
de mi vida ya estaba hecha. Las primeras clases las tome en los Centros Culturales
Barriales de la Ciudad de Buenos Aires. El primer año con Miguel Forza de Paul, en el Centro
Cultural Alfonsina Storni. Después con
Guillermo Barri en el Centro Cultural Cortázar.
Como entraste en el circuito profesional?
En 2007, me llama Miguel, mi primer profesor, para
ofrecerme un personaje en una obra suya que iba a dirigir y que se estrenaría
en el Teatro IFT: “Robado a la Luz”. Yo todavía estaba haciendo clase en el Cortázar, y hacia
poco que había tenido un accidente casero, con un banquito, y me estaba
recuperando de un esguince de tobillo.
Lo hable con el profesor y me dijo que le diera para adelante. Fue el empujón, que te diría no necesitaba,
porque me moría de ganas de subirme a un escenario de verdad.
Y después?
Después seguí mi formación, probando distintos lugares y
profesores, porque cada uno aporta cosas distintas. En 2008 entré en la Escuela de Teatro La
Odisea, completando los tres años de actuación que el programa propone. Luego me sumé al Estudio de Martin Gianola,
ese año realizamos trabajos para video, un proyecto suyo que bajo el titulo “Retratos
de la Ciudad”, abarca varios cortometrajes unitarios, todos escritos por él, y
protagonizados por sus alumnos. Mi
capítulo se llama: “Videncias”. Lo podes
compartir, está en youtube.
Lo compartimos entonces:
Después también con Martin, montamos “Nada está
Escrito”, en 2012 en el Teatro La Fábula
y en 2013 en PetrArte, un teatro en Palermo, en Guemes y Borges, sin nuestro
maestro que por sus problemas de salud, ya no nos pudo acompañar.
Al año siguiente una de las actrices Miriam Corsi del
grupo que también había estudiado dirección teatral, escribió una obra y eligió
a algunos de nosotros para realizarla. Se
llamaba “Pecados S.O.S” y era una sátira costumbrista muy divertida. Ensayamos durante un año y la pusimos en el
Teatro Buenas Artes de Palermo. Nos fue
bastante bien de público y eso nos animó a reponerla en Liberarte donde hicimos
una temporada de dos meses.
Hace un tiempo fuimos a verte a NO HAY QUE LLORAR, sobre la calle
Corrientes. Cómo surgió la idea de llevar adelante la empresa?
Ah, sí, el año pasado Alejandro Colletti, otro de los
miembros del grupo, nos llama porque tenía ganas de dirigir “No hay que llorar”
de Roberto Cossa. Y ahí estuvimos todos.
La verdad es que se hizo una buena barra de amigos, que
nos juntamos con bastante frecuencia y como varios se animan a la dirección, y
generan proyectos, y los fueron proponiendo al interior del grupo, y el grupo
respondió, se fue dando la magia de esta continuidad.
Ninguno vive del teatro, cada uno tiene su trabajo, su
familia, sus otras obligaciones, pero el ensayo es la excusa para vernos
seguido y para concretar nuestro deseo de actuar.
Cuánto ensayaron? Cómo fue le proceso?
Ensayamos muchos meses en una sala de Medrano y
Corrientes una vez por semana tres horas y la estrenamos a fines del año pasado en el
teatro Columbia en la calle corrientes. Después repusimos en el mismo teatro
abril y mayo.
Y ahora qué proyectos hay?
Ahora con el mismo elenco estamos viendo una obra para
ensayarla que se llama “Trapos Sucios”.
Finalmente hemos conformado una compañía que tira del carro de
la actuación con muchas ganas, gracias a haber logrado un clima de amistad y de
dedicación, que son hermosos.
Todos los proyectos, se realizaron en cooperativa, dentro
del marco de la Asociación Argentina de Actores, estrenados en teatros del
circuito independiente. No te voy a
mentir, a veces nos fue mejor, sin hacernos ricos, y otras peor, pero tampoco
nos fuimos a la quiebra. Los proyectos son realistas en lo económico y eso nos
permite volver a vivir otra vez más, la adrenalina de las risas o exclamaciones
del publico mientras se transita la obra.
Solo al experimentarlo se puede saber lo que es la
satisfacción de actuar.
Felicitaciones Ana Inés! Un abrazo
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